Capítulo xi: San Pedro

Desperté a las 7:30 am para encontrarme con Sandra y Eduardo a las 8 am como habíamos acordado la tarde anterior. Hacía mucho frío, seguramente algunos grados bajo cero. El sol ya empezaba a iluminar, también a calentar. En la ruta, frente a mí, en la dirección opuesta, estaba Lucho. Bastó un saludo en el silencio de la mañana para iniciar una conversación. Mientras hablábamos, con la calma de quien espera, compartimos unas “chocolinas” y nuestras sombras sobre el asfalto se fueron alargando poco a poco.

Puntuales llegaron mis ‘ángeles’. Subí al auto y no hicieron falta palabras para sentirme como en familia. La ruta no podía ser más bella e inhóspita. Ascendimos sin pausa entre mates, coca y confesiones hasta llegar al Paso de Jama, frontera con Chile. Allí estaba Arturo, otro mochilero-viajero español esperando a ser llevado. Se unió a la familia. De nuevo horizontes infinitos, salinas, nieve, tierra, mucho viento, volcanes… Hicimos más de una parada para contemplar semejantes lugares. Grandioso.

San Pedro. Qué lugar. Azul intenso en el cielo. Tierra por todas partes. Sol. Pasé algunos días en un hostal con Arturo. Después se fue. El resto lo pasé en casa de una amiga de una amiga. Qué bacán cuando se arman estas redes de contactos que te facilitan el viaje y, sobre todo, conocer el lugar desde otra perspectiva. También es genial llegar a un hogar, mucho más cálido que un hostal. Se llama Denise y fue un siete. Volver a territorio chileno me hizo sentir como en casa, me movía con más soltura que en Argentina…

Dicen de Atacama que tiene el cielo más limpio del mundo. Desde hace algunos años se instaló en sus cerros ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array). El observatorio. Tuve la suerte de subir a conocer las instalaciones y el objeto de su estudio. La explicación fue clara y cósmica. Impresionada de los niveles a los que puede llegar la tecnología y la ciencia. Muy recomendable asistir a sus visitas guiadas, son gratuitas y se pueden reservar desde su sitio web.

En general, fueron días muy tranquilos. Descansé harto. Me reencontré con Eduardo y Sandra una noche. Tomamos un mojito y conversamos sin parar hasta que cerró el local. Qué agradable fue compartir con ellxs. En unos días más partiría hacia Bolivia. Al fin. Tenía muchas ganas de acercarme a este lugar de la tierra. Adentrarme en otro territorio, otra cultura, otra identidad…

 

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Eduardo de camino a San Pedro. 

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Viñeta en las instalaciones de ALMA. 

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Antenas de ALMA. Observatorio.

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Atardecer desde el Valle de la Luna. San Pedro.

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