Capítulo IX: Santiago, again

Después de tres meses de aquel bus que me llevó al aeropuerto hacia Ushuaia volví a Santiago. El tiempo lejos me hizo ver cuánto me gusta Santiago. A lo largo del viaje me vi defendiendo más de una vez esta ciudad caótica que te atrapa y no te suelta. Una ciudad que me ha entregado miles de experiencias y aprendizajes. Amor y lágrimas. Amistad. Risas. Y aquí estaba de nuevo. ¿Qué me trajo de regreso?

Por un lado, el cansancio. De exigirme dar el máximo de mi a cada minuto. Caminar sin parar. Moverme, sin prisa, pero sin pausa. ¿Huyendo? No. Me robo esta frase de Alice: “Casi prácticamente todos los días pensaba que estaba huyendo, hasta justo la mañana de la mudanza (cuando dejé mi amado hogar en Santiago), cuando, quien sabe si por puro instinto de supervivencia, decidí que no, que huir era quedarse, huir era no hacer nada.” Cansancio físico, sentía que mi espalda y mis  piernas necesitaban un descanso. Por otro lado, y para qué negarlo, también necesitaba el calor de un abrazo, de las amigas, de un ser conocido. De un hogar. Descansar la mente. Parar. Así fue como “las contracturas de la espalda pudieron a las del alma. Cosa que agradecí.” Y fue llegar a la casa de Made y descansé. ¡Qué tremenda anfitriona esta mujer!

Me recibió en la noche con un gran abrazo. Qué reconfortante. Tenía cada detalle listo para acogerme. Cama, tecito, pancito hecho por sus propias manos… Gracias. El primer día lo pasé encerrada en la casa. Pasé de vivir mis días bajo la carpa y rodeada de naturaleza a estar de vuelta en la gran ciudad. Mucho cambio. Era una sensación extraña. Y con los días comencé a reactivarme. A asimilar. Descubrí Santiago desde una perspectiva completamente nueva.

Descargué parte de mis pensamientos en algunos textos que publiqué en este mismo blog y que me ayudaron a ordenar ideas y sensaciones. Busqué formas de hacer algo de dinero para recuperar lo invertido: garzoneé freelance algunos días en un local; volví a hacer libretitas ‘made in’ Cuadernitos Sin Sostén‘; a vender empanadas de verduras recuperadas al estilo ‘Disco Sopa’; e incluso logré volver a practicar ashtanga a cambio de trueque en el mágico y singular mundo de Yoga Mandiram que tantas buenuras ha traído a mi vida.

IMG_5188

Iba a La Vega a recolectar alimentos que iban a ser botados (zapallito, morrones, cebollas, tomates, berenjenas y todo lo que puedan imaginar) y los preparaba en una gran olla con cúrcuma y otras especias. En el horno de pan de Made armaba de 30 a 60 empanadas y me iba a venderlas al metro Bellas Artes. Qué vergüenza me daba ponerme a gritar, pero como estábamos rompiendo barreras, esta fue una más. Y una vez empecé a hacerlo me di cuenta de lo sencillo que era. Harta pega sí, pero igual reconfortante.

También volví porque era el cumple de mi amada Vivi. A quien también estrujé en el tiempo que anduve por Santiago. Mate, galletitas, conversas, paseos por el parque…su fernet o baylies… Puras cosas ricas.

Y cuando las contracturas de la espalda se fueron recuperando. Aparecieron las del alma. Y esas requerían de un tratamiento especial. Empecé acupuntura y fue cuático. Fui por dos cosas bien concretas: un frío intenso en los pies que no quería desaparecer y la ausencia de mi periodo por meses. Tras la primera sesión regresó mi periodo. Al toque. Lo de los pies tardó más, pero sin duda mejoró. Y aparecieron otras heridas. Mucha pena. Muchas lágrimas contenidas. Era entrar a esa salita y comenzar un viaje donde el tiempo y el espacio se dilataban. Disfrute la terapia. Me ayudó mucho.

También en este tiempo aproveché de leerme las cartas. Una conocida estaba aprendiendo y acordamos juntarnos para ello. Siempre he tenido mis reticencias con respecto a la lectura de cartas, sentía que determinan demasiado la vida de las personas…Decidí no tener miedo y hacerlo. Fue genial. Me dio nuevas energías para continuar el viaje. Recuerdo que la última carta era el El Loco.

En casa de mi amiga me reencontré con mi cleta. Qué gran tesoro. La magia de recorrer Santiago en bici es bacán. Sobre todo en las noches, sin apenas tráfico. Con el frescor del otoño. Absoluta sensación de libertad e independencia. Moverse a velocidad con la energía de nuestro propio cuerpo. Qué gran tecnología.

Volví a practicar. ¡Lo extrañaba tanto! La primera clase fue terrible, me frustré caleta. Sentí que en esos tres meses lo había perdido todo. No tenía fuerza ni para mantenerme en chaturanga. Me fatigué con los primeros saludos al sol. Aprendí a tener paciencia y poco a poco el cuerpo recordó. Qué bacán retomarla. Me di cuenta que no quería volver a soltarla y, de hacerlo por algún tiempo, como pasa cuando viajas, no frustrarme en el reencuentro. Así fue que decidí invertir en un mat que me acompañara en el resto del viaje.

Comí todo lo que no me había permitido en el viaje. Por miedo a que no me alcanzara el dinero y porque no tenía las comodidades para prepararme algunas recetas bacanes. Así que me di todos los caprichos. Fui a mis picadas preferidas: la pizza estilo New York de Monjitas; el local de La Vega con el mejor guiso de acelga y platos de legumbres a luca y media; volver a saludar a lxs caseritxs de los frutos secos y que aún se acuerden de ti; el café de especialidad del carrito de La Vega después de la compra; la empanada de acelga-queso del Papi Pizza; caminar por la Alameda; ir al cine con una barra de chocolate en el bolsillo; y así un millón de cosas más.

Vi a todas las personas que quise. Tenía tantas ganas de estar con personas amigas que me rodeé cada día de ellas y su amor. Conocí a Danae, gran momento. Y, sin embargo, también quería continuar mi camino, que no estaba en Santiago, sino en seguir caminando. Así que fijé una fecha: 1 de mayo. Entonces volvería a partir. Me costó harto irme, me era tan sencillo y natural vivir en Santiago, rodearme de cariño, siempre mil oportunidades…Pero, después de casi un mes y medio casi dos disfrutando de la capital, me despedí una mañana rumbo a Valpo. Allí estaba Claudia, una amiga de hacía algunos años que había abierto un restaurant. No nos veíamos desde hace mucho y pensé que sería lindo conocer su emprendimiento y volver a vernos. Haría más fácil la separación de tantas personas lindas que dejaba en Santiaga.

¡Que comience el viaje de nuevo! En realidad nunca paró…

 

Advertisements