Capítulo V: Candelario Mancilla

En el capítulo anterior:Al día siguiente tomaron la decisión de partir hacia Calafate. Lolo prefirió tomar el mismo rumbo que yo. Preparamos todo para partir. No era el mejor día, había harto viento y empezó a lloviznar. Salimos igualmente. Y lo que viene a continuación es uno de mis pasajes preferidos del viaje: por el increíble lugar al que llegamos y por lo impredecible de la naturaleza, que te hace frenar, contemplar y replantear el viaje. Es la ruta que nos llevaría a Candelario Mansilla.

Despertamos (Lolo y yo) dispuestos a llegar hasta el lado norte de la Laguna del Desierto a unos cuantos kilómetros de El Chaltén, lugar del que nos despedíamos rumbo norte para atravesar la frontera con Chile y llegar al inicio de la Carretera Austral en Villa O’Higgins. Estaba nublado y empezaba a llover. Y, además, mucho viento. Bastaba mirar hacia el valle por el cual debíamos llegar a la laguna para saber que no se despejaría en todo el día.

Cargamos las mochilas y a hacer dedo. Anna y Jordi salieron unos minutos antes que nosotros y al no verlos en la carretera de tierra – único camino hacia la laguna- supimos que alguien les habría levantado ya. Tendríamos suerte. En unos minutos paró un auto, nos avanzó unos kilómetros y justo entonces pasó otro con Anna y Jordi, nos subimos y alcanzamos el lado sur de la Laguna del Desierto. La lluvia no paraba. Así que nos forramos enteros para evitar que la lluvia mojara todo nuestro equipaje.

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Anna y Jordi se adelantaron mientras nosotrxs nos preparábamos. Para colmo, aunque estaba muy motivada, iba muy mal preparada, pero como soy cabezota no me dejé ayudar. Iba cargada atrás con mi mochila de viaje de no sé cuántos litros, a reventar; y, por si fuera poco, adelante llevaba otra, mi inseparable mochila negra. Me cubrí entera para no mojarme y partimos. El camino es entre un bosque hermoso que apenas disfruté por la incesante lluvia, viento y  frío que pasé. Además de ser de lo más irregular. Tremendas subidas. Ahí me acordé de Lolo que me decía: ‘¡pero chiquilla!, ¿no será mejor que lleves todo en una?, ¿quieres que te lleve algo?’ Y yo cabezota: ‘no, si puedo, no te preocupes’.

Bueno, por el sendero nos volvimos a reencontrar con Anna y Jordi, continuamos juntos. Parte del recorrido fue en bosque cerrado y nos cubrió bastante de la lluvia, pero después se acabó el bosque y la lluvia y el viento nos confundió, nos perdimos en el sendero, parecía que estábamos dando vueltas todo el rato o que estábamos subiendo cuando sabíamos que el campamento era a pies del lago…Todo esto cagada de frío, a estas alturas – al menos un par de horas caminando- empapada y con mis lentes llenas de gotitas de agua que no me dejaban ver nada. Entonces nos detuvimos (Lolo y yo) bajo unos árboles para reorganizarnos.

[Cabe decir que efectivamente a los minutos de iniciar el sendero vi que no podía ir con la mochila por delante pues me la comía con las rodillas cada vez que había una cuesta y hubo muchas. Así que a Lolo se le ocurrió que una forma sería llevarla sobre la cabeza. Y así lo hicimos, nos fuimos turnando. Sin su ayuda no habría llegado. O no en el mismo estado.]

Reorganizarnos significaba: ¡hacer desaparecer esa maldita mochila extra! Nos dividimos el peso y continuamos. Sí antes la mayor molestia era el peso de las mochilas, el dolor sobre los hombros, la espalda…ahora el frío, la lluvia y el viento nos sirvieron de distractor. Al fin llegamos al campamento. En realidad es más bien una casa/oficina donde viven los gendarmes argentinos que fiscalizan el paso fronterizo. Una aduana en mitad de la nada. Bajo unos árboles montamos las carpas, todo estaba mojado o sino muy húmedo. Me cambié de ropa, me puse lo más abrigado que tenía (mi campera impermeable chorreaba). Me puse chalas, aún congelada, y partí hacia la oficina en cuyo minibalcón cubierto había un grupito de gente preparando algo caliente que comer y tomar (revisar Suerte)

El paisaje era increíble y eso que estaba cubierto de niebla. El silencio y los olores eran increíbles. Si no hubiera sido por el frío y lo incómodo de estar húmeda, hubiera sido genial. Parte de las personas con las que conversamos venían de haber tomado la barcaza esa misma mañana y nos comentaban que habían estado días esperando la partida desde Villa O’Higgins, por lo visto el clima no acompañaba y era posible que no zarparan más. Y nosotrxs ingenuxs que pensábamos que había un horario fijo y establecido. JA JA JA. A la naturaleza no la vence nada ni nadie.

También fue curioso como inventábamos excusas para entrar a la oficina con los gendarmes. Que si un poco de sal, alguna pregunta reiterativa sobre cómo era la ruta hasta Candelario, ‘por favor, ¿puedo pasar al baño?’ Y es que tenían la calefacción a tope y se estaba tan a gustito ahí adentro… Pero fueron bien ariscos, no generaban mucha empatía que digamos. Aún así pasé al baño y me quedé ahí intentando calentarme las patitas y las manos.

Me acosté tiritando e invocando en mi mente los momentos más cálidos de mi vida a ver si así conseguía calentarme, al menos templar. Fue una de las noches más frías e incómodas que recuerdo. Sólo cruzaba los dedos para que al amanecer la lluvia hubiese cesado pues aún nos quedaba una ruta de al menos 4 ó 5 horas hasta llegar a la aduana chilena y después un par de kilómetros hasta el muelle donde saldría la barcaza este mismo día.

Amaneció despejado, se veían algunas cumbres nevadas, ¿o era un glaciar? El lago en calma. Desayunamos donde mismo. Pasamos por la aduana unx tras otrx. Dejábamos Argentina para adentrarnos en Chile, entre medias unos 25 km de bosque y camino de tierra. Después de horas llegamos a Candelario Manzilla. Qué belleza. Esperamos en una fila para pasar la aduana y bajamos corriendo al muelle. El barco ya había zarpado. Se había adelantado pues se esperaba mal clima en las próximas horas y se alargaría por días. De haber esperado podía correr peligro.

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Entrada de la cabaña a pies del lago.

[Días, semanas o meses después nos enteraríamos que las personas que habían ido en ese barco habían pasado toda una odisea, de hecho hasta subieron un vídeo a youtube. Por las inclemencias del barco, la mitad de la tripulación vomitó por el camino y llego más que mareada después de casi 3 horas de navegación. Además, se rompió el vidrio del barco. Y eso que este era el más grandote, los otros eran mucho más rústicos…].

Anna y Jordi incluso había comprado el boleto en El Chaltén para asegurarse un cupo, pues lo más chistoso es que cabía la posibilidad de que llegando hasta allí, después de tremenda ruta, era posible que te tuvieras que quedar esperando turno en el barco. Ni teniendo el boleto te asegurabas un lugar. JA. Había dos opciones: devolverse por el mismo camino, porque no había otro; o, confiar en que el clima cambiaría y vendría algún barco, en cuyo caso seríamos los primeros. Si decidíamos quedarnos había un camping, el único, pues eran los únicos pobladores a parte de los carabineros. Y cobraban 2 mil pesos chilenos la noche. Eso desbarataba un poco mis cuentas pues apenas tenía moneda chilena porque venía saliendo de argentina y tampoco tenía muchos pesos argentinos, un lujo como ven. Además, íbamos con la comida contada para evitar el peso y los únicos que vendían alimentos era esta familia de pobladores: mermelada de guinda, pan amasado o un almuerzo en su casa por un precio algo alto, aunque sabiendo que ellos tampoco tenían mucha producción era obvio. No podíamos dejarles sin nada.

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Inspeccionando el muelle, sin rastro de la barcaza…

Bueno, el caso es que cuando bajamos al muelle, justo al lado hay una caseta. Anna y Jordi ya estaban instalados. Así de rápido. Y nos invitaron. Era una cabaña de madera. Un solo espacio con una banca y un habitáculo que era un baño. Como si fuese la sala de espera para las personas que iban a subir al barco. Eso intuimos. Y tenía estufa y aún estaba prendida. Era perfecto. Todos pusimos nuestras ropas y enseres a secar. Recogimos leña. Esparcimos nuestras carpas al sol y … y ahora qué? Hicimos un par de equipos. Ah! Se me olvidaba mencionar de quiénes estoy hablando. Éramos Anna, Jordi, Lolo, Raúl (un chico de Teruel) y yo. Los equipos se dividieron en A) Equipo de reconocimiento del terreno (ir a conocer otros caminos, a los pobladores, qué opciones de acampada había, etc.) y B) Equipo de Diálogo y Negociación, es decir, ir a conversar con carabineros para saber si habría o no barcaza. Debo reconocer que desde el primer día nos dijeron que regresásemos por donde habíamos venido, pero hicimos caso omiso, estábamos muy cansados y podíamos esperar un par de días, la comida nos alcanzaba y teníamos un buen refugio. Además que a nadie le gusta dar marcha atrás y porque para llegar a ese mismo punto (Villa O’Higgins) por el lado argentino era sumar muchas horas o incluso días de viaje…

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En la cabaña (Lolo, Raúl, Jordi y Anna).

Carabineros de Chile nos informó que había alguna posibilidad para dentro de 3 o 4 días. Ellos recibían comunicación vía satélite del clima en las tardes, así que todas las tardes subíamos hasta la aduana en busca de información y cruzando los dedos. Los días allá eran buenos e incluso calurosos, sin embargo, a lo lejos se intuían nubes y viento. Según pasaban los días todo era más surrealista: seguían llegando caminantes, se acumulaban en el camping y la información era confusa. Se empezaron a correr rumores y ya no sabías de quién fiarte. De repente llegó un barco, una noche, pero eran del Gobierno, venían a visitar a los pobladores de la zona y a transportar algunos pedidos, comida, familiares, etc. No nos permitieron ir con ellos de regreso. Pero si habían llegado era porque el clima lo permitía, ¿nos estaban engañando? Hicimos miles de hipótesis, pero el resto del tiempo lo disfrutamos, no podíamos estar más relajados ni en un lugar mejor. Sólo con la tensión de que los días pasaban y la comida se agotaba. Y la paciencia también, hay que decirlo.

Dejo aquí lo que escribí el cuarto día de espera en Candelario. Una parte del Diario de Viaje que escribí entonces:

21/02/16
Hoy terminé ‘Cien años de soledad’.
Llevamos (Anna, Jordi, Raúl, Lolo y yo) 4 días de estancia en Candelario Manzilla. Colono que da nombre a un bello emplazamiento de montañas al norte de Chaltén.
Inicialmente nos alteramos al saber que quizá no habría barca hasta el martes 23/02. Sin embargo, a mi me invadió una gran tranquilidad. Me gusta estar aquí. En el paraíso. Con poca gente. Comida suficiente. Me gusta poder cagar y mear mirando el lago turquesa y las montañas. Despertar sin más preocupación que preparar un rico desayuno con lo que tengamos y tomarlo en el muelle bajo la brisa fresca y la tibieza del sol patagónico; conversar, sin prisa alguna, sobre viajes, placeres de la vida (de los que no podíamos disfrutar entonces), dilemas personales o cualquier elucubración sobre la barcaza; almorzar cuando hay hambre; jugar a las cartas; tomar café; lavarse el pelo; saludar al sol desde una roca alejada; visitar a los carabineros en busca del parte diario del clima; compartir en silencio con un mate en la mano y un libro en la otra e, incluso, ver una peli.
22/02/16
Tirada cual morsa sobre las tablas del muelle donde algún día arribará el barco que nos llevará a Villa O’Higgins recordé que no mencioné a las residentes de este eterno paraíso: son Justa y sus hijas Carmen y Amelia. Ellas nos abastecen de pan, huevos y mermelada. Por suerte estamos de okupas sin pagar camping.
Hoy salió el sol. Sopla viento helado, pero se contrarresta. Seguimos con las buenas costumbres de tomar mate, conversar y leer en este muelle. De pronto pasa algún ave o mariposa. El oleaje del lago nos acompasa cual segundero de reloj. Marcando el paso del día y de las nubes que sobrevuelan nuestras contemplativas cabezas.
Mientras unos recogen leña; otros leen y los más perezosos nos tiramos cual lagartijas a observar los rayos del sol. Mirada perdida. Elucubramos mentalmente planes futuros; repasando pasajes del pasado; dejando que el tiempo y el hambre se vayan amontonando.
Desde la llegada la marea ha subido dos palmos. Se nota en la marca de humedad de las rocas que bordean el lago, pero sobre todo en el leve hundimiento que ha ido sufriendo día a día el muelle. Esperamos partir mañana. Por mientras, no deja de deslumbrarme este paisaje surrealista de agua turquesa, montañas infinitas de cumbres nevadas, cielo despejado y jugosas nubes. Silencio. Sólo el viento haciendo de las suyas. Moviendo cada elemento, generando resonancias. El día transcurre entre horas de contemplación. Y el temido aburrimiento ni siquiera se hace presente.
Siento el calor de los rayos penetrando en mis piernas. Bajo mi cuerpo miro entre las maderas del muelle y observo las fluctuaciones del agua generadas por las corrientes. Corrientes bajo la influencia lunar, creciente, en busca de su plenitud y que posiblemente veamos en este último atardecer si las nubes lo permiten.
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Esperando. Conversando. Compartiendo. Disfrutando.

 

Algo frustrados afrontamos la última noche, llevamos 5 días y las noticias siguen diciendo que pasarán al menos 2 días más para que llegue algún barco. Los ánimos son bajos. Todos decidimos que mañana regresaremos a Chaltén. Lo más temprano que nos permiten salir es a las 8 am, que es la hora en que abre Carabineros de Chile la aduana para volver a pasar el pasaporte y entrar a Argentina nuevamente. Menudo jaleo de paso fronterizo. Así que esta última noche nos dimos un gusto. Compraron cervezas a los pobladores y nos las tomamos sobre una roca increíble con vistas al lago, las montañas y …al fin apareció la luna. Era llena. Las noches anteriores no la habíamos podido ver por las nubes. Esta vez nos dejó verla. Magia. Otra vez. Patagonia la hizo de nuevo.  Brindamos por la increíble oportunidad de haber pasado unos días de descanso en tremendo lugar. Nada que reprochar. Nos acostamos remotivados, sabíamos que al amanecer nos esperaba un día duro. Fue bonito conocerles, el tiempo compartido, las risas e hipótesis.

“…Despertamos más temprano que nunca desde que llegamos. 7 AM. Y el rojo del cielo nos anunció un gran día para caminar. Como dijo Jordi: “No es retroceder, sino tomar carrerilla”. ¡Qué no falte el optimismo! Sellamos a las 8AM puntuales y a caminar.” Diario de viaje.

Pero ¡cómo caminamos!. Creo que batí todos mi récords si es que tenía alguno en caminar rápido. Lo que habíamos hecho en 2 días anteriormente lo hicimos en tan sólo 9 horas. De Candelario a la aduana argentina y de ahí al lado sur del Lago del Desierto. Satisfacción y cansancio. Allí un buen hombre nos llevó en camioneta a los cuatro hasta el mismo camping. Vuelta al hogar 5 días después. Teníamos un hambre huracanado. Armamos carpas, hicimos la compra y cenamos. El menú fue el siguiente: Caldo de verduras ‘made in Lolo’, es decir, delicioso y, Zarangollo de plato principal. Exquisito. De postre pan con mucho dulce de leche.

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Robando wifi en algún rincón de El Chaltén con Raúl y Lolo.

Esa noche dormí hasta babear. Al despertar, desayuno de ensueño: pan amasado de plátano con miel o dulce de leche (había para elegir). Después cada uno emprendió su rumbo. Raúl, Anna y Jordi compraron billete de bus a Los Antiguos, se les acaban los días de su viaje y ya habían perdido mucho en Candelario. La forma más rápida de llegar a la siguiente frontera con Chile para alcanzar la Carretera Austral era Los Antiguos, por la famosa Ruta 40. Lolo se quedaría unos días hasta saber de sus amigos o coordinarse con algunxs de los campistas escaladorxs; y yo, continuaría a dedo. Parte de la idea de este viaje era experimentar viajar a dedo sola. Muchos mochilerxs comentaban lo difícil que era salir del Chaltén a dedo, pero yo no tenía prisa y llevaba mi casa a cuestas y también mi comida, no podía ser tan difícil, ¿no?

Nos despedimos. Me senté en la carretera de salida, había un par de chicas esperando desde hace horas, las pasé y me senté a esperar. Mientras tanto apareció un armadillo. Jamás había visto uno en libertad. Siempre en un zoo, en la tele…Ahí estaba acompañándome. Si miraba hacia atrás veía la línea de montañas de granito: Fitz Roy y Cerro Torre. Cuánta belleza.  Soplaba el viento y me sentía muy libre. De nuevo en la carretera.

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Las vistas mientras esperaba un auto que me acercase a la Ruta 40.

 

 

 

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