Un día cualquiera

teUn día cualquiera te levantas, desayunas y sales de casa. Te encuentras con una de esas amistades que hace tiempo que no ves. Te sientas en una cafetería. Pides un té. Comienzas a conversar y te pones al día. Se acerca una señora y nos pide dinero. Seguimos conversando. Se acerca un hombre vendiendo llaveros. La conversa continúa. Se acerca un chico y nos explica que es poeta, que lleva en el paro varios años, que elijamos un tema y él nos escribe algo. Le agradecemos y declinamos la propuesta lo más amablemente posible, ante lo cual se ofende. Nos pide aunque sea la voluntad. Se la negamos. Se da la vuelta y se despide diciendo: ‘¡Nos vemos en los Sanfermines!’ mientras se dirige a la mesa de al lado donde dos mujeres toman café. ¿Qué os parece?

Ante este comentario, mi mente rápidamente empieza a generar asociaciones: San Fermín, fiestas, denuncias por violación, acoso y abuso…¿A querido decir lo que creo que ha querido decir? Mientras pienso todo esto mi compa reacciona: “¡¿Qué has dicho?!, ¡¿estás amenazando con violarnos?!” Se me dispara el corazón. Mitad rabia. Mitad miedo. Se da la vuelta y nos grita: “Estiradas, eso es lo que sois. Unas estiradas.” Mi amiga no cesa y le replica: “voy a llamar a la policía”. Justo pasa un coche de policía, se detiene. Le piden que se vaya y se disculpe. Todo muy rápido. Creo recordar que se da la vuelta y balbucea algo así como ‘no he querido decir eso’. Lo dice con rabia. Por obligación obviamente. Y vemos como se aleja con su libreta de ‘poemas’ mientras las señoras del café, a las que no alcanzó a dedicar un poema, rumorean sobre lo violento de la situación. El coche de policía se va y nosotras nos quedamos algo nerviosas. Mitad rabia. Mitad miedo. Alucinadas por estas agresiones que siguen estando a la vuelta de la esquina. Que aparecen un día cualquiera mientras decides tomarte un té con una amiga. Que te dejan con el tembleque instalado. Que te demuestran que aún queda mucho por hacer. Que al irte de la cafetería aún piensas si estará por ahí esperándote. En fin.

Alabé la reacción de mi compa. Siempre he considerado que mi capacidad de reacción deja mucho que desear. No sé si es por velocidad mental o por bloqueo ante situaciones de mínima agresión. Asignatura pendiente. Hay que aprender a responder. A no quedarse calladas. “Se sigue educando en la prevención, en enseñar a las mujeres cómo defenderse o limitar su libertad, no ir por determinados sitios, no hacer sola determinadas cosas, porque además si te ocurre algo en esas condiciones siempre será tu culpa”. ¡Qué ostias! ¡Hay que enseñarles a ellos!

“¿Cuántos padres han explicado a sus hijas como protegerse para no ser violadas? ¿Cuántos padres han enseñado a sus hijos que no es un juego agredir en grupo a una chica? Hay que dejar de centrarnos en enseñar a las chicas cómo protegerse para enseñar a los chicos a no violar y desterrar esta idea de que ellas ya están advertidas, que los hombres violan, así que si ocurre una agresión es porque te lo estabas buscando o les has provocado.”

“Desde el año 2009 se han registrado 8.200 agresiones sexuales con penetración, una cada ocho horas, tres mujeres violadas cada día, según datos del Ministerio de Interior”.

Nota: Artículo de opinión de Izaro Gorostidi en el Diario.es a 5 de octubre de 2016.

 

Advertisements