Cocadas

cocada“Buenas tardes, ¿quieres una cocada?” Un joven de unos 18 años se paseaba por la plaza del pueblo ofreciendo cocadas. Andaba a paso lento. ¿Relajado tal vez? Mirada perdida y en la mano una caja de plástico con unas bolitas nevadas. “¿A cuánto las tienes?”, pregunté. “$500 la unidad, llevan naranja”, dijo con lo que parecía una media sonrisa. “Las vendemos para sustentar el viaje”, explicó. Entonces advertí que algunos pasos atrás estaba ella, su compañera. Era como un fantasma. Flaca. Delgada. Rubia. Ojos sin expresión. En las nubes. Les compré dos. Solidaridad de viajerx. Y que me encantan los dulces, para qué engañarnos.

Me preguntaron a dónde iba y quisieron acompañarme. Acepté. Instinto protector. Sin embargo, algo me incomodó o, mas bien, me entristeció. Venían siguiendo mis pasos. Iban como zombies, como si les pesaran los pies. Caminaban por inercia sin saber a donde. En lo poco que conversamos me dijeron que no sabían dónde dormirían, habían salido a dedo de una ciudad y el auto les llevó hasta allá, la hermosa Puerto Cisnes. Estaba atardeciendo. Pero no estaban preocupadxs. Seguramente porque se tenían el unx al otrx. Me preocuparon, pero cada unx elige su camino. No me interpondría. Llegué a mi destino, ellxs se quedaron vendiendo cocadas a otra persona. Me despedí con un abrazo. Les dije el camping donde estaba por si querían venir o si necesitaban cualquier cosa. No estoy segura de que me estuvieran escuchando o si sus mentes decodificaron mis palabras. Ahí se quedaron. Como perdidos en el espacio-tiempo.

Hasta hoy día les recuerdo. Su estado, seguramente bajo el efecto de un buen porro, me recordó otra situación. Otra mirada. La de un ser querido al que también sentí así de perdido. Más que perdido lo creí muerto. Porque al mirarle a los ojos no vi nada. Solo vacío. Porque al tomarle la mano, no sentí su calor. Porque solo percibí materia que por inercia tenia forma humana, pero estaba completamente desinflada. Angustiante. Eso fue lo que me recordó encontrarme con esta joven pareja. Estaban ‘muertos en vida’. ¡¿Dónde estaba la energía vital?! Ahora volvió a mi esta idea, al escuchar a Fito cuando en una de sus canciones dice ”lo importante es desear y no ser un muerto vivo”. Me gusta estar al lado del camino y sentir el peligro de estar vivxs.

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