La soledad como privilegio

IMG_4957Así es. La soledad es un privilegio. Generalmente acusamos a la soledad por hacernos sentir insignificantes y decadentes. Sin embargo, cuando una realmente la busca, se da cuenta que es más complejo de lo que parece. Partí en viaje con la idea, entre otras muchas, de pasar más tiempo conmigo misma. Es decir, dejar de lado mi parte más social. Alejarme de las personas que aparecieran en el camino para dar cabida a ese ‘yo’ que tengo tan olvidado. Después de 3 meses de viaje puedo decir que los momentos de soledad los puedo contar con los dedos de una mano.

Al inicio no me apuré. Me dije: “hay tiempo para todo, no rechaces a las personas que aparecen en el camino, seguro que tienen algo que aportar. Siempre habrá tiempo para estar sola”. Y me equivoqué. Los días pasaban. Algunas personas llegaron, se quedaron por días e incluso semanas. Disfruté harto de la compañía. Unas veces más que otras. Otras, apenas compartían unas horas y después seguían su rumbo. El camino hizo que me reencontrara en más de una ocasión con algunas. Agradecida. Pero finalmente, fue escaso el tiempo que disfrute de mí conmigo misma. ¿Existe esta expresión? No sé. Pero yo me entiendo. Hay que tener valor y luchar para conseguir ese espacio. Un espacio bien preciado y que pocas veces se muestra con el esplendor que merece.

Quizá debí luchar más por ella. Rechazar aquella o esta compañía para darle el lugar que yo quería. Siempre me ha costado reaccionar. Tengo cierto retardo. Pero supongo que forma parte del aprendizaje. Del viaje. De crecer y avanzar. De conocerse a una misma. Seguiré luchándola. Citándola a menudo. Pues sé que entre tantos momentos, la conseguiré atrapar unos segundos, minutos y quizá también horas. Y habrá valido la pena. Ya lo dijo Rebeca, quien “había necesitado muchos años de sufrimiento y miseria para conquistar los privilegios de la soledad y no estaba dispuesta a renunciar a ellos por nada […]”

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