¿Tomás mate?

De un tiempo a esta parte he tomado por costumbre tomar mate. Mucho se ha hablado sobre esta yerba amarga que sorben tanto huasos como gauchos. ¡Y no es para menos! Hay tantas formas de prepararlo como cebadores en el planeta tierra. Cada cual con sus mañas: con o sin azúcar; en mate de calabaza o madera; se puede o no se puede mover la bombilla; algunxs le agregan hierbas frescas como cedrón, menta o hierbabuena; corto o largo…Un sinfín de matices que hacen de esta bebida algo todavía más interesante como objeto de estudio. Pero más allá de eso, lo que rescato de esta tradición es que siempre invita a compartir.

Unx puede tener toda la intención de calentar su agua (nunca hirviendo, obvio), meterla en el termo, montar la yerba en el mate y, cuando está sirviendo el primero. Ese bien amargo. Bien rico. Pasa alguien. O adviertes que cerca hay otra persona. Es casi instintivo preguntar: ¿tomás mate? Independiente de que lo hayas probado antes o no, o incluso de que habiéndolo probado no te guste, por favor, acepta siempre. Lo que puede acontecer a continuación es la verdadera magia y esencia de esta yerba. La invitación ya está hecha. Sólo queda dejarse llevar por el intercambio del mate uno tras otro y la conversación viene sola. No sé si es que me gusta demasiado hablar con las personas, pero encuentro una excusa fascinante la de tomar mate para iniciar el diálogo.

Recientemente me pasó en la cocina de un camping en Chaitén (Chile). Simplemente pasaba por allí para retirar unos cubiertos que había olvidado. De espaldas, calentando la pava con agua, estaba un hombre. Me saludó cortésmente. Se presentó y, mientras volcaba la yerba en el mate, hizo la pregunta. Acepté. Me acomodé en una banca de madera, pues sabía que se prolongaría. Comenzamos con un intercambio básico. Es curioso como a veces las conversaciones fluyen sin más. Fuimos navegando entre recuerdos y deseos. Sin darnos cuenta el primer termo se acabó. Eso nunca implica un término de conversación. Se calienta más agua y a seguir. Así fue como llegó a mí una de las imágenes más lindas. Una ficción creada por mi mente a raíz de una de las historias que me contó este hombre.

Me habló del lugar donde vivía en Puerto Pirámides (Argentina). Cerca del mar. Allí tiene una barca con la que hace excursiones para ver ballenas, orcas y otros animales marinos. La bondad y tranquilidad con la que había compartido parte de su historia de vida conmigo eran entrañables. Comentaba que en determinadas épocas del año son muchas las ballenas que se agolpan en la bahía, sobre todo en julio. Él, que vive a varias cuadras del mar, me confesaba que a pesar del frío del invierno solía dejar las ventanas de su casa abiertas para estar atento a la llegada de los cetáceos. No necesitaba estar mirando constantemente para saber que estaban ahí, pues decía que cuando se juntaban varias los resoplidos de su respiración llegaban hasta su ventana. Era entonces cuando se asomaba y en menos de unos minutos ya estaba arriba de la bici rumbo al mar con su traje de buceo para nadar con ellas. ¿Se imaginan algo mejor en esta vida que poder escuchar a las ballenas desde su casa? Yo no. Seguramente él no sabe el impacto que esta imagen ha dejado en mi mente risueña. Pero prometo que un mes de julio apareceré por allá.IMG_3680

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