Cueca y luna llena

cueca

Esto es lo que una se encuentra cuando acude a los ‘martes de cueca’ de la Plaza Brasil frente al Galpón Víctor Jara. Noches de cueca y luna llena.

Desde las 7 pm un grupo de personas se empieza a reunir. Panderetas, acordeón, guitarras, cajón, unas manos para dar palmas y gargantas potentes para entonar. Eso es todo lo que se necesita. Hombres y mujeres de todas las edades se congregan en círculo. Empiezan los bailes. Algunos se sientan a mirar y a escuchar. Unos vienen a sabiendas de lo que se van a encontrar y otros se topan por casualidad y se quedan jurando volver la próxima semana. Otros no dudan en empezar a bailar invitando a alguien a ese escenario improvisado que es la propia calle.

Primero, se miran; después, él o ella (indistintamente) se acerca a su pareja, le invita a bailar con una inclinación o simplemente mostrando el pañuelo (sí, la cueca se baila con pañuelo y…por si no llevas, ¡tranqui!, siempre hay alguien con alguno de más) y, por último, bailan. Danzan en busca de esa conexión tanto tiempo como sea necesario, cortejando, sintiendo, compartiendo. Entre cruces de piernas, vaivenes de pañuelo y sonrisas traviesas empieza a subir la temperatura. Así llega el zapateo, las risas e incluso clases improvisadas de cueca.

Aunque al principio no hay demasiada gente, es inevitable que al cabo de unos minutos se multiplique el número de personas. Es contagioso ver tanta alegría, complicidad y calidez. ¿Quién no se va a acercar así? Y si preguntas a cualquiera: ” y esto…¿hasta qué hora es?”. Primero se reirán y amablemente te dirán: “nunca se sabe”. Y la gente continúa animándose, bailando, riendo y sudando. Mientras, algunos van abandonando el lugar camino a sus casas, pero con esa medio sonrisa de satisfacción de haber pasado una tarde-noche de cueca, luna llena y complicidad.

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