¡Cambia!

Carlos Castaneda

Lo bueno de trabajar en un lugar donde hay trueque de libros, es que puedes ir revisando todas esas huellas de vidas ajenas que marcan la edad de los libros. Una mancha de café, subrayados, fotos, marca páginas, alguna dedicatoria, dobleces en las esquinas de las páginas que señalan ‘algo’, pero nunca sabremos el qué. Todo son indicios de esas manos por las que ha pasado ese libro.

Mi último rapto ha sido una carta que encontró mi compi de pega entre las páginas de un libro.

El texto que aparece tras este dibujo de círculos de colores es de Carlos Castaneda. Y entre algunas de las frases del texto que ‘Iso’ transcribió a su amiga ‘Almu’ dice:

“-¿Se le ha ocurrido alguna vez, don Juan, que a lo mejor no quiero cambiar?.

-Sí, se me ha ocurrido. Yo tampoco quería cambiar, igual que tú. Sin embargo, no me gustaba mi vida; estaba cansado de ella, igual que tú. Ahora no me alcanza la que tengo.
Afirmé con vehemencia que su insistente deseo de cambiar mi forma de vida era atemorizante y arbitrario. Dije que en cierto nivel estaba de acuerdo, pero el mero hecho de que él fuera siempre el amo que decidía las cosas me hacía la situación insostenible.
-No tienes tiempo para esta explosión, idiota -dijo con tono severo-. Esto, lo que estás haciendo ahora, puede ser tu último acto sobre la tierra. Puede muy bien ser tu última batalla. No hay poder capaz de garantizar que vayas a vivir un minuto más.
-Ya lo sé -dije con ira contenida.
-No. No lo sabes. Si lo supieras, serías un cazador.
Repuse que tenía conciencia de mi muerte inminente, pero que era inútil hablar o pensar acerca de ella, pues nada podía yo hacer para evitarla. Don Juan río y me comparó con un cómico que atraviesa mecánicamente su número rutinario.
-Si ésta fuera tu última batalla sobre la tierra, yo diría que eres un idiota -dijo calmadamente-. Estas desperdiciando en una tontería tu acto sobre la tierra.
Estuvimos callados un momento. Mis pensamientos se desbordaban. Don Juan tenía razón, desde luego.
-No tienes tiempo, amigo mío, no tienes tiempo. Ninguno de nosotros tiene tiempo -dijo.
-Estoy de acuerdo, don Juan, pero…
-No me des la razón por las puras -tronó-. En vez de estar de acuerdo tan fácilmente, debes actuar. Acepta el reto. Cambia.”
Y para despedirse: “esta es tu casa, un abrazo”.
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